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15.5.13

Psicólogos y sociólogos analizan lo que es un barrabrava

Se apoderan de calles, parques, barrios y estadios. Con el rostro pintado o con pasamontañas, portan sus 'trapos', entonan sus cánticos, caminan como si fueran a una batalla.



Desnudan sus torsos, muestran sus tatuajes y elevan sus manos en señal, muchas veces amenazante, de dominio territorial.

Andan en grupos, como los pandilleros violentos urbanos de siempre, y han encontrado en los colores de los equipos de fútbol un pretexto, como lo fue en su momento, el 'heavy metal' o la veneración a las armas y a los narcóticos, o el culto a lo oscuro, para provocar terror.
Son los barrabravas, integrantes de las llamadas barras bravas (nombre tomado de las aparecidas en Argentina), que para algunos sociólogos son ya una nueva tribu urbana reconocida.
Para otros, sin embargo, son grupos que con comportamientos delictivos, como el chantaje, la intimidación y la agresión, obtienen dividendos económicos (como las bandas mafiosas o criminales). Sobrepasan la simple lectura de que este es un problema de 'hinchismo' y camisetas de fútbol durante 90 minutos de juego.
Estas barras han puesto en jaque a la seguridad ciudadana y no sólo en los estadios deportivos, como ocurrió el sábado pasado, en Armenia, cuando integrantes de uno de estos grupos, 'los del Sur', fanáticos del Atlético Nacional, causaron disturbios en la ciudad, se agredieron entre ellos en el estadio Centenario y atacaron a la Policía. Incluso, apuñalaron al caballo de un carabinero.
 A raíz del hecho, transmitido en directo por televisión, la Dimayor, ente que rige el campeonato profesional de fútbol, decidió prohibir el ingreso de hinchas con camisetas y elementos alusivos a los equipos visitantes y ordenó que no se vendieran "paquetes" de entradas a fanáticos visitantes.
Pero, ¿qué características tienen estos hinchas? No todos los aficionados hacen parte de estas hordas de puñales, drogas y agresión. ¿Cuál es el perfil, entonces, del barrabrava?
Según Fabián Sanabria, decano de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, son personas que viven en "moratoria social, es decir, son sujetos que no están integrados ni con un empleo ni con una carrera estable al sistema social. Pueden ser estudiantes o tener trabajos precarios. Un barrabrava siente, piensa y actúa para buscar una identidad que lo arraigue a la sociedad. No tiene otro tipo de identificación con los demás: ni cultural ni artística ni en el sistema de producción económica", asegura.
Sanabria afirma que, además, son sujetos que por ese afán de identidad, reconocimiento y ubicación, son figuras mediáticas, que consolidan su presencia cuando aparecen en las noticias, "más cuando salen en las primeras planas o en los titulares, porque eso vende".  Así, al testimoniar sus actos violentos en los medios de comunicación, los usan como demostración de poder y validación de su intimidación en sus zonas de influencia, ya sea en barrios o ciudades.
Lina Orrego, psicóloga deportiva de la Universidad Autónoma de Barcelona de España, los define como personas manipulables por ser, la mayoría, menores de edad. "Pueden tener una debilidad del yo. Pierden su identidad individual y prefieren estar masificados, porque se sienten más fuertes. Esa pertenencia a ese grupo los hace valiosos".
"Además -agrega-, son personas con altos índices de agresividad mal canalizada debido a la falta de estudio, de empleo, de vivir en condiciones socioeconómicas bajas; una cantidad de variables que en el momento de ejercer una presión de tipo comportamental se dirigen hacia fenómenos violentos. También hay que destacar que entre las barras bravas se filtran personas de bajos escrúpulos y con intereses dañinos que sólo buscan crear conflictos y terrorismo".
Sin embargo, Juan Guillermo Molina, del departamento de sociología de la Universidad de Antioquia, se aparta y cree que las barras bravas son pequeños negocios que producen rentabilidad, integradas por personas que encontraron en ellas una manera de "hacer viables sus vidas". Es decir, encontraron una alternativa real de sustento.
"Los integrantes de las barras viven del concepto mismo de la barra, que es una verdadera microempresa. Se lucran ya sea por la afiliación de nuevos socios hasta de la venta de camisetas. Los líderes de las barras bravas manejan mucho dinero. Esta es una verdadera industria que tiene al fútbol como medio y se constituye en una forma de vivir y de ganarse la vida".
Agrega que, frente a eso, los barrabravas son "totalmente inmanejables y responden a una especie de lema de la violencia por la violencia, que a su vez los dignifica por la propaganda mediática. Ponen y quitan a los entrenadores de los equipos, brindan o retiran el apoyo a un futbolista... Son un verdadero mecanismo de censura o de respaldo incondicional, dependiendo de los dineros que recauden de muchos de los integrantes del mundo del fútbol".
Para este sociólogo, es "clarísimo" el porqué de las disputas y enfrentamientos entre grupos de barras bravas de un mismo equipo. "Se pelean por los cobros de las entradas, por manejar dineros bien sea por reventa de boletería o por excursiones (viajes a otras ciudades o países para ver los partidos de sus clubes). Hay toda una estructura económica, que genera esos antagonismos que están más allá del 'amor a la camiseta'. Ellos luchan por el poder. Lo que se mueve ahí es muy, pero muy complejo, como las 'vacunas' (extorsiones) que les cobran, incluso, a los vendedores de cigarrillos y dulces", asegura Molina, quien opina que las medidas para detener el fenómeno deben ser policíacas.
¿Soluciones?
En los países que se han visto afectados gravemente por este fenómeno, como Inglaterra, Holanda, Italia, España o Argentina, se manejaron y se aplican dos fórmulas. Una represiva policiva y otra educativa, de fomento de la tolerancia y la convivencia pacífica. Tales posturas son argumentadas por los consultados. 

"Aquí, debemos seguir el ejemplo de Inglaterra: que no haya apoyo de los clubes a este tipo de organizaciones, poner las tribunas populares a un mayor precio o que sean las más caras; y que haya una carnetización de los hinchas", asegura, a manera de ejemplo, Molina.
Sanabria, en cambio, opina: "No sé en qué medida las determinaciones tomadas por la Dimayor ahuyentarán la violencia de los estadios del país. Debería haber, inclusive, unas medidas más agresivas, como hacer algo que propuso Antanas Mockus (ex rector de la Universidad Nacional, ex alcalde de Bogotá y ex candidato a la Presidencia de la República) que es bastante trasgresor: ¿usted se atrevería a ponerse la camiseta del equipo contrario? Esto mostraría un poco hasta qué punto somos intolerantes. No hay que restringirles el derecho a la emoción, a la pasión. Creo que hay que civilizar a la gente y saber que de ahí no dependen el mundo ni la vida ni la eternidad...".
No tiene sentido de pertenencia, busca al grupo para encontrar identidad, usa la violencia por la violencia, le gusta aparecer en los medios, y además, forma parte de una gran negocio. No es fácil de derrotar y trasciende los 90 minutos de juego.

CLAUDIA AGUILAR RAMÍREZ
Redacción de Deportes
claaagu@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Deportes
Fecha de publicación
8 de agosto de 2009
Autor

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