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6.5.12

Robert Kennedy: un caso de comunicación ante la violencia y el dolor
Con frecuencia se plantea la necesidad de comunicar adecuadamente el dolor. Una de las cuestiones que se estudian es el discurso sobre la violencia. ¿Cómo conseguir comunicar la violencia en modos que expresen incondicional repulsa? ¿Cómo mostrar solidaridad real ante el dolor? La retórica clásica y la practica contemporánea brindan algunas aportaciones.
Los años sesenta en la retórica política norteamericana /
Los años sesenta fueron época compleja en la historia de los Estados Unidos. A finales de los cincuenta, Eisenhower había dado la primera conferencia de prensa para televisión, que ha sido ampliamente estudiada por Allen [1] . La irrupción de ese medio como factor trascendental en las campanas políticas es evidente por lo menos desde el decisivo debate televisado entre Kennedy y Nixon en las elecciones de 1960 [2] . Las reglas del discurso político cambiaron. Todo ello contribuyó a un florecimiento de la retórica en la vida política, acompañada de una generación de excelentes oradores en Estados Unidos. Fueron años turbulentos en la vida social: tradicionalmente eso tiene impacto en la calidad de la retórica. Como señala Hall Jamieson, "muchos de los oradores que recordamos como elocuentes vivieron en tiempos turbulentos en los que importaban las palabras" [3] . Es la época de John Fitzgerald Kennedy, de Malcolm X,    de Martin Luther King. Su atractivo ante los públicos no derivaba sólo de la brillantez en el uso de la palabra. La elevación de las cuestiones abordadas era también factor decisivo: se hablaba de violencia, de discriminación, de paz, de justicia, de libertad. En definitiva, se trataban los grandes temas que preocupan a los hombres. Puede decirse que "las cuestiones importantes llevan en sí mismas a la elocuencia” [4] .
Robert Kennedy como orador /
Robert Fitzgerald Kennedy (RFK) se inscribe en esta tradición retórica de los anos sesenta. Fue un orador excepcional que terminó probando en su propia carne los amargos frutos de la violencia, y supo transmitir una enérgica condena a los violentos. En sus discursos, ethos, pathos y logos trabajan armónicamente para comunicar desprecio a las injusticias, Su ethos como orador estaba considerablemente reforzado por el asesinato de su hermano: "Para aquellos de vosotros que sois negros y estáis tentados por el odio y la desconfianza ante la injusticia de un acto así, puedo decir simplemente que siento en mi propio corazón el mismo sentimiento. Asesinaron a un miembro de mi familia, y él fue matado por un hombre blanco. Tenemos que hacer un esfuerzo en los Estados Unidos, tenemos que hacer un esfuerzo por comprender, para superar tiempos tan difíciles" [5] . El orador debe sentir las emociones que quiere inspirar, y esa cualidad formaba parte del ethos de RFK, La tradición clásica ya había advertido esta realidad, como señala Cicerón: "Es imposible para la audiencia sentir indignación, odio o mala voluntad, estar asustado por algo, o reducido a lágrimas de compasión, a no ser que esas emociones (...) sean visiblemente reconocibles (...) en el orador mismo" [6] .
Robert Kennedy ocupó distintos puestos de responsabilidad en la vida pública norteamericana. Desempeñó un papel clave como manager de la campaña de su hermano John en 1960. Trabajó como Fiscal General, luego como Senador y, finalmente, candidato a la nominación demócrata [7] . En sus intervenciones públicas, unía adecuadas dosis de apasionamiento a un razonado uso de la repetición para transmitir inequívocamente men   sajes éticos y políticos. De este modo, RFK se convirtió en ejemplo de comunicador contra los violentos. La repetición es característica de su estilo oratorio: "Podemos hacer las cosas bien en este país. Pasaremos tiempos difíciles; hemos pasado tiempos difíciles en el pasado; pasaremos tiempos difíciles en el futuro. No es el fin de la violencia; no es el fin de la anarquía; no es el fin del desorden" [8] . El uso correcto de la repetición y de la antítesis – tan tópico de RFK – ha sido característico de los grandes oradores. Castelar, probablemente uno de los más brillantes parlamentarios españoles, proporciona también ejemplos: "Nosotros, los que hoy representamos la majestad de la patria, ayer no teníamos patria. Nuestros nombres se hallaban confundidos en las mismas sentencias de muerte, Aquí, en el suelo querido, en el hogar consagrado por la sombra de nuestros padres, sólo nos aguardaba el verdugo. Nosotros paseábamos o arrastrábamos por las orillas de extranjeros ríos nuestra alma desolada" [9] .
Decíamos que la emoción trabajaba armónicamente con la razón en los discursos de RFK para poner de relieve la insensatez que es la violencia. He aquí un ejemplo del 5 de abril 1968: "¿Acaso la violencia ha conseguido alguna vez algo? ¿Qué es lo que ha creado? No hay causa de un mártir que haya sido jamás acallada por la bala de su asesino. Ningún mal ha sido nunca convertido en bien por disturbios o desórdenes civiles. Un francotirador es simplemente un cobarde, no un héroe; y una masa incontrolable e incontrolada es simplemente la voz de la locura, no la voz de la razón" [10] . Es un mensaje razonado, que se presenta además con convicción, apasionamiento. La presentación de la inutilidad de la violencia no puede ser más clara.
Este enfoque – la violencia como inhumana, irracional, condenada al fracaso – es relevante en el mundo contemporáneo pues la propaganda terrorista se empeña en mostrar que los atentados tienen justificación política. Picard, en un interesante estudio de An Phoblacht, periódico del Sinn Fein – el brazo político del IRA –, muestra cómo esta publicación trata de justificar los atentados como provocaciones de las fuerzas de seguridad. Los crímenes tienen siempre justificación política en An Phoblach,t. Según el periódico, sólo en el 5% de los casos la violencia ha sido iniciada por el IRA [11] . Cuando los violentos pretenden que pensemos que existen excusas, el mensaje de RFK aparece más necesario: la   violencia no sólo atenta a la dignidad humana, sino que tampoco consigue sus propósitos.
Ante el asesinato de Martin Luther King /
El discurso más célebre de RFK es el del 4 de abril de 1968. Ese día se produjo el asesinato de Martin Luther King, y Robert Kennedy tenía previsto un acto electoral en el gueto negro de Indianápolis, donde todavía no había llegado la noticia. Pese al aviso en contrario del jefe de policía de Indianápolis y de sus asesores, decidió acudir [12] , Olvidando el discurso que tenía preparado, decidió dar personalmente la noticia a la audiencia e improvisar sus palabras. Safire comenta al respecto: "El senador, que tenía un acto previsto con una audiencia negra aquella noche, fue advertido por la policía de que la multitud estaría furiosa y de que podría ser peligroso; pese a todo, con el escudo de su valor personal y el recuerdo de su hermano muerto por la bala de un asesino, fue y dio la noticia a la multitud" [13] . Guthman y Allen no dudan en afirmar que era "el único político blanco que podía dirigirse a una multitud en una barriada negra y no encontrar violencia" [14] .
La improvisación de RFK es ahora parte de la antología de la oratoria política en Estados Unidos: "Martin Luther King dedicó su vida al amor y a la justicia para los seres humanos, sus compañeros, y murió a causa de ese empeño. (...) Aquellos de vosotros que sois negros – considerando la evidencia existente de que fueron blancos los responsables –, podéis llenaros de amargura, odio, y deseo de venganza. Podemos movernos como país en esa dirección, en una gran polarización: los negros entre los negros, los blancos entre los blancos: llenos de odio unos contra otros. O podemos hacer un esfuerzo, como hizo Martin Luther King, por comprender, y sustituir esa violencia, la mancha de derramamiento de sangre que se ha extendido por nuestra tierra, por un esfuerzo por entender, con amor y compasión" [15] . Nótese la brillante exposición de las alternativas que se abrían a la acción política. No faltó en esta intervención la referencia clásica – Esquilo era su poeta predilecto – frecuente en los discursos de Robert Kennedy: "Vamos a dedicarnos a lo que escribieron los griegos hace tantos años: a domesticar el salvajismo del hombre, y hacer más amable la vida en esta tierra" [16]
El ethos al servicio de la comunicación sobre violencia /
Como orador, Robert Kennedy transmitía autenticidad: no aparecía lejos del "hombre bueno versado en oratoria", del que hablaba Quintiliano [17] . La calidad humana del orador tiene singular impacto persuasivo, como señala con agudeza Cicerón: "Los corazones se ganan por el mérito de los hombres, sus logros y reputación. Esas cualidades son más fáciles de embellecer cuando son reales que fabricar cuando no existen" [18] . Robert Kennedy transmitía esa integridad. De hecho, en su discurso de Indianápolis "habló como un campeón reconocido de los marginados, y llevaba consigo la credibilidad que suponía la tragedia de su familia" [19] . Hablaba de lo que conocía, como muestra esta otra intervención en la Universidad de Kansas: "He visto a las gentes del gueto negro, escuchando promesas cada vez mayores de igualdad y justicia, mientras se sientan en las mismas escuelas destartaladas y se amontonan en las mismas sucias habitaciones, sin calefacción, protegiéndose del frío, protegiéndose de las ratas. Si creemos que, como americanos, estamos unidos por una preocupación común por todos, entonces tenemos ante nosotros una urgente prioridad nacional. Debemos empezar a terminar con la desgracia de esa otra América" [20] .
La elevación de los temas tratados y la fuerza de los ideales que transmitía eran cualidades de RFK. Sabía mostrar las situaciones en toda su crudeza y dramatismo, sin que perdieran profundidad sus juicios éticos sobre las situaciones, sin ceder a una superficial espectacularidad. Es este un logro que está todavía por conseguir en la comunicación sobre la violencia y el dolor en los medios. Las posiciones deben ser más inequívocas. La comunicación sobre violencia debe ser más elocuente. Como escribió Hall Jamieson, "antes, durante y después de cada cambio social profundo se necesita la elocuencia" [21] . En todo caso, la palabra alivia el dolor y la violencia: la retórica es cualidad genuinamente humana que transmite valores elevados, que conforta, que llama a la acción social, al servicio. Las palabras pueden ser fundamentales en la lucha contra los violentos, en la construcción de un mundo mejor.     
Notas al pie /
[1] Craig Allen, "News Conferences on TV: Ike-Age Politics Revisited", en Journalism Quarterly (70) 1, Primavera 1993, pp. 13-25.
[2] Kathleen Hall Jamieson, Packaging the Presidency, New York, Oxford University Press, 1992, pp. 158-159.
[3] Kathleen Hall Jamieson, “The Cunning Rhetor, The Complicitous Audience, The Conned Censor, and  The Critic", en Communication Monographs (57), Marzo 1990, p. 73.
[4] Ob. cit., p. 73.
[5] Discurso de Indianápolis (Indiana), 4 de abril de 1968.
[6] Cicerón, De Oratoria, Libro II, en Patricia Bizzell y Bruce Herzberg, The Rhetorical Tradition, Boston, St. Martin's Press, 1990, p. 241.
[7] Vid. Arthur M. Schlesinger, Jr., Robert Kennedy and His Times, Houghton Mifflin, 1978; Gerald Gardner, Robert Kennedy in New York, Random House, 1965; Edwin O. Guthman, We Band of Brothers, Harper & Row, 1971; Vanden William Heuvel y Milton Gwirtzman, On His Own: RFK 1964-68, Doubleday, 1970.
[8] Discurso de Indianápolis (Indiana), 4 de abril de 1968.
[9] Emilio Casteler, Discursos parlamentarios, Madrid, Narcea, 1973, p. 91.
[10] Discurso en Cleveland, 5 de abril de 1968.
[11] Robert G. Picard, "How Violence Is Justified? Sinn Fein's An Phoblacht", en Journal of Communication, 41 (4), Otoño 1991, pp. 90-101.
[12] Edwin O. Guthman y C. Richard Allen, RFK. Collected Speeches, New York, Penguin Books, 1993, p. 357.
[13] William Safire, Lend Me Your Ears. Great Speeches in History, New York, Norton, 1992, p. 197.
[14] Edwin O. Guthman y C. Richard Allen, ob. cit., p. 358.
[15] Discurso de Indianápolis, 4 de abril de 1968.
[16] Ibid.
[17] Quintiliano, Instituto Oratoria, en Patricia Bizzell y Bruce Herzberg, The Rhetorical Tradition, Boston, St. Martin's Press, 1990, p. 347.
[18] Cicerón, De Oratoria, Libro II, en Patricia Bizzell y Bruce Herzberg, The Rhetorical Tradition, Boston, St. Martin's Press, 1990, p. 240
[19] Edwin O. Guthman y C. Richard Allen, ob. Cit., p. 358.
[20] Discurso en la Universidad de Kansas, 18 de mayo de 1968.
[21] Kathleen may Jamieson, “The Cunning Rhetor, The Complicitous Audience, The Conned Censor, and The Critic", en Communication Monographs (57), marzo 1990, p. 73.

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