Robert Kennedy: un caso de comunicación ante la violencia y el dolor
Contenidos /
Con frecuencia se plantea la necesidad de
comunicar adecuadamente el dolor. Una de las cuestiones
que se estudian es el discurso sobre la violencia. ¿Cómo
conseguir comunicar la violencia en modos que
expresen incondicional repulsa? ¿Cómo mostrar
solidaridad real ante el dolor? La retórica
clásica y la practica contemporánea brindan
algunas aportaciones.
Los años sesenta en la retórica política norteamericana /
Los años sesenta fueron época compleja en la historia de los Estados Unidos. A finales de los cincuenta, Eisenhower había dado la primera conferencia de prensa para televisión, que ha sido ampliamente estudiada por Allen [1] . La irrupción de ese medio como factor trascendental en las campanas políticas es evidente por lo menos desde el decisivo debate televisado entre Kennedy y Nixon en las elecciones de 1960 [2] . Las reglas del discurso político cambiaron. Todo ello contribuyó a un florecimiento de la retórica en la vida política, acompañada de una generación de excelentes oradores en Estados Unidos. Fueron años turbulentos en la vida social: tradicionalmente eso tiene impacto en la calidad de la retórica. Como señala Hall Jamieson, "muchos de los oradores que recordamos como elocuentes vivieron en tiempos turbulentos en los que importaban las palabras" [3] . Es la época de John Fitzgerald Kennedy, de Malcolm X, de Martin Luther King. Su atractivo ante los públicos no derivaba sólo de la brillantez en el uso de la palabra. La elevación de las cuestiones abordadas era también factor decisivo: se hablaba de violencia, de discriminación, de paz, de justicia, de libertad. En definitiva, se trataban los grandes temas que preocupan a los hombres. Puede decirse que "las cuestiones importantes llevan en sí mismas a la elocuencia” [4] .
Robert Kennedy como orador /
[2] Kathleen Hall Jamieson, Packaging the Presidency, New York, Oxford University Press, 1992, pp. 158-159.
[3] Kathleen Hall Jamieson, “The Cunning Rhetor, The Complicitous Audience, The Conned Censor, and The Critic", en Communication Monographs (57), Marzo 1990, p. 73.
[4] Ob. cit., p. 73.
[5] Discurso de Indianápolis (Indiana), 4 de abril de 1968.
[6] Cicerón, De Oratoria, Libro II, en Patricia Bizzell y Bruce Herzberg, The Rhetorical Tradition, Boston, St. Martin's Press, 1990, p. 241.
[7] Vid. Arthur M. Schlesinger, Jr., Robert Kennedy and His Times, Houghton Mifflin, 1978; Gerald Gardner, Robert Kennedy in New York, Random House, 1965; Edwin O. Guthman, We Band of Brothers, Harper & Row, 1971; Vanden William Heuvel y Milton Gwirtzman, On His Own: RFK 1964-68, Doubleday, 1970.
[8] Discurso de Indianápolis (Indiana), 4 de abril de 1968.
[9] Emilio Casteler, Discursos parlamentarios, Madrid, Narcea, 1973, p. 91.
[10] Discurso en Cleveland, 5 de abril de 1968.
[11] Robert G. Picard, "How Violence Is Justified? Sinn Fein's An Phoblacht", en Journal of Communication, 41 (4), Otoño 1991, pp. 90-101.
[12] Edwin O. Guthman y C. Richard Allen, RFK. Collected Speeches, New York, Penguin Books, 1993, p. 357.
[13] William Safire, Lend Me Your Ears. Great Speeches in History, New York, Norton, 1992, p. 197.
[14] Edwin O. Guthman y C. Richard Allen, ob. cit., p. 358.
[15] Discurso de Indianápolis, 4 de abril de 1968.
[16] Ibid.
[17] Quintiliano, Instituto Oratoria, en Patricia Bizzell y Bruce Herzberg, The Rhetorical Tradition, Boston, St. Martin's Press, 1990, p. 347.
[18] Cicerón, De Oratoria, Libro II, en Patricia Bizzell y Bruce Herzberg, The Rhetorical Tradition, Boston, St. Martin's Press, 1990, p. 240
[19] Edwin O. Guthman y C. Richard Allen, ob. Cit., p. 358.
[20] Discurso en la Universidad de Kansas, 18 de mayo de 1968.
[21] Kathleen may Jamieson, “The Cunning Rhetor, The Complicitous Audience, The Conned Censor, and The Critic", en Communication Monographs (57), marzo 1990, p. 73.
Los años sesenta en la retórica política norteamericana /
Los años sesenta fueron época compleja en la historia de los Estados Unidos. A finales de los cincuenta, Eisenhower había dado la primera conferencia de prensa para televisión, que ha sido ampliamente estudiada por Allen [1] . La irrupción de ese medio como factor trascendental en las campanas políticas es evidente por lo menos desde el decisivo debate televisado entre Kennedy y Nixon en las elecciones de 1960 [2] . Las reglas del discurso político cambiaron. Todo ello contribuyó a un florecimiento de la retórica en la vida política, acompañada de una generación de excelentes oradores en Estados Unidos. Fueron años turbulentos en la vida social: tradicionalmente eso tiene impacto en la calidad de la retórica. Como señala Hall Jamieson, "muchos de los oradores que recordamos como elocuentes vivieron en tiempos turbulentos en los que importaban las palabras" [3] . Es la época de John Fitzgerald Kennedy, de Malcolm X, de Martin Luther King. Su atractivo ante los públicos no derivaba sólo de la brillantez en el uso de la palabra. La elevación de las cuestiones abordadas era también factor decisivo: se hablaba de violencia, de discriminación, de paz, de justicia, de libertad. En definitiva, se trataban los grandes temas que preocupan a los hombres. Puede decirse que "las cuestiones importantes llevan en sí mismas a la elocuencia” [4] .
Robert Kennedy como orador /
Robert
Fitzgerald Kennedy (RFK) se inscribe en esta tradición
retórica de los anos sesenta. Fue un orador excepcional
que terminó probando en su propia carne los amargos
frutos de la violencia, y supo transmitir una
enérgica condena a los violentos. En sus
discursos, ethos, pathos y logos trabajan armónicamente para comunicar desprecio a las injusticias, Su ethos como
orador estaba considerablemente reforzado por
el asesinato de su hermano: "Para aquellos de
vosotros que sois negros y estáis tentados por
el odio y la desconfianza ante la injusticia de
un acto así, puedo decir simplemente que siento en
mi propio corazón el mismo sentimiento. Asesinaron a un
miembro de mi familia, y él fue matado por un hombre
blanco. Tenemos que hacer un esfuerzo en los
Estados Unidos, tenemos que hacer un esfuerzo
por comprender, para superar tiempos tan
difíciles" [5] . El orador debe sentir las emociones que quiere inspirar, y esa cualidad formaba parte del ethos de
RFK, La tradición clásica ya había advertido
esta realidad, como señala Cicerón: "Es
imposible para la audiencia sentir indignación,
odio o mala voluntad, estar asustado por algo,
o reducido a lágrimas de compasión, a no ser que
esas emociones (...) sean visiblemente reconocibles (...)
en el orador mismo" [6] .
Robert Kennedy
ocupó distintos puestos de responsabilidad en
la vida pública norteamericana. Desempeñó un papel clave
como manager de la campaña de su hermano John en 1960.
Trabajó como Fiscal General, luego como Senador y,
finalmente, candidato a la nominación demócrata
[7] .
En sus intervenciones públicas, unía adecuadas
dosis de apasionamiento a un razonado uso de la repetición
para transmitir inequívocamente men sajes éticos y
políticos. De este modo, RFK se convirtió en
ejemplo de comunicador contra los violentos. La
repetición es característica de su estilo
oratorio: "Podemos hacer las cosas bien en este
país. Pasaremos tiempos difíciles; hemos pasado
tiempos difíciles en el pasado; pasaremos tiempos difíciles
en el futuro. No es el fin de la violencia; no es el fin
de la anarquía; no es el fin del desorden" [8] .
El uso correcto de la repetición y de la antítesis
– tan tópico de RFK – ha sido característico de los grandes
oradores. Castelar, probablemente uno de los más
brillantes parlamentarios españoles,
proporciona también ejemplos: "Nosotros, los
que hoy representamos la majestad de la patria,
ayer no teníamos patria. Nuestros nombres se
hallaban confundidos en las mismas sentencias de muerte,
Aquí, en el suelo querido, en el hogar consagrado por
la sombra de nuestros padres, sólo nos aguardaba el
verdugo. Nosotros paseábamos o arrastrábamos
por las orillas de extranjeros ríos nuestra
alma desolada" [9] .
Decíamos que la
emoción trabajaba armónicamente con la razón en
los discursos de RFK para poner de relieve la insensatez
que es la violencia. He aquí un ejemplo del 5 de abril
1968: "¿Acaso la violencia ha conseguido alguna vez
algo? ¿Qué es lo que ha creado? No hay causa de
un mártir que haya sido jamás acallada por la
bala de su asesino. Ningún mal ha sido nunca
convertido en bien por disturbios o desórdenes
civiles. Un francotirador es simplemente un
cobarde, no un héroe; y una masa incontrolable e incontrolada
es simplemente la voz de la locura, no la voz de la
razón" [10] .
Es un mensaje razonado, que se presenta además
con convicción, apasionamiento. La presentación
de la inutilidad de la violencia no puede ser más clara.
Este enfoque –
la violencia como inhumana, irracional, condenada al
fracaso – es relevante en el mundo contemporáneo pues
la propaganda terrorista se empeña en mostrar que los
atentados tienen justificación política. Picard, en
un interesante estudio de An Phoblacht, periódico
del Sinn Fein – el brazo político del IRA –,
muestra cómo esta publicación trata de
justificar los atentados como provocaciones de
las fuerzas de seguridad. Los crímenes tienen
siempre justificación política en An Phoblach,t. Según el periódico, sólo en el 5% de los casos la violencia ha sido iniciada por el IRA [11] .
Cuando los violentos pretenden que pensemos
que existen excusas, el mensaje de RFK aparece
más necesario: la violencia no sólo atenta a la dignidad
humana, sino que tampoco consigue sus propósitos.
El discurso más
célebre de RFK es el del 4 de abril de 1968. Ese día
se produjo el asesinato de Martin Luther King, y Robert
Kennedy tenía previsto un acto electoral en el gueto
negro de Indianápolis, donde todavía no había
llegado la noticia. Pese al aviso en contrario
del jefe de policía de Indianápolis y de sus
asesores, decidió acudir [12] ,
Olvidando el discurso que tenía preparado,
decidió dar personalmente la noticia a la audiencia e
improvisar sus palabras. Safire comenta al respecto: "El
senador, que tenía un acto previsto con una audiencia
negra aquella noche, fue advertido por la
policía de que la multitud estaría furiosa y de
que podría ser peligroso; pese a todo, con el
escudo de su valor personal y el recuerdo de su
hermano muerto por la bala de un asesino, fue y
dio la noticia a la multitud" [13] .
Guthman y Allen no dudan en afirmar que era "el único
político blanco que podía dirigirse a una multitud en
una barriada negra y no encontrar violencia" [14] .
La improvisación
de RFK es ahora parte de la antología de la oratoria política
en Estados Unidos: "Martin Luther King dedicó su
vida al amor y a la justicia para los seres humanos,
sus compañeros, y murió a causa de ese empeño.
(...) Aquellos de vosotros que sois negros –
considerando la evidencia existente de que
fueron blancos los responsables –, podéis
llenaros de amargura, odio, y deseo de venganza. Podemos
movernos como país en esa dirección, en una gran polarización:
los negros entre los negros, los blancos entre
los blancos: llenos de odio unos contra otros.
O podemos hacer un esfuerzo, como hizo Martin
Luther King, por comprender, y sustituir esa
violencia, la mancha de derramamiento de sangre que
se ha extendido por nuestra tierra, por un esfuerzo por
entender, con amor y compasión" [15] .
Nótese la brillante exposición de las alternativas
que se abrían a la acción política. No faltó en esta intervención
la referencia clásica – Esquilo era su poeta
predilecto – frecuente en los discursos de
Robert Kennedy: "Vamos a dedicarnos a lo que
escribieron los griegos hace tantos años: a
domesticar el salvajismo del hombre, y hacer más
amable la vida en esta tierra" [16]
Como orador,
Robert Kennedy transmitía autenticidad: no aparecía lejos
del "hombre bueno versado en oratoria", del
que hablaba Quintiliano [17] .
La calidad humana del orador tiene singular
impacto persuasivo, como señala con agudeza
Cicerón: "Los corazones se ganan por el mérito de
los hombres, sus logros y reputación. Esas cualidades
son más fáciles de embellecer cuando son reales que fabricar
cuando no existen" [18] .
Robert Kennedy transmitía esa integridad. De
hecho, en su discurso de Indianápolis "habló
como un campeón reconocido de los marginados, y
llevaba consigo la credibilidad que suponía la tragedia
de su familia" [19] .
Hablaba de lo que conocía, como muestra esta
otra intervención en la Universidad de Kansas: "He
visto a las gentes del gueto negro, escuchando promesas
cada vez mayores de igualdad y justicia, mientras se
sientan en las mismas escuelas destartaladas y
se amontonan en las mismas sucias habitaciones,
sin calefacción, protegiéndose del frío,
protegiéndose de las ratas. Si creemos que,
como americanos, estamos unidos por una preocupación común
por todos, entonces tenemos ante nosotros una urgente
prioridad nacional. Debemos empezar a terminar con la
desgracia de esa otra América" [20] .
La elevación de
los temas tratados y la fuerza de los ideales que transmitía
eran cualidades de RFK. Sabía mostrar las situaciones
en toda su crudeza y dramatismo, sin que perdieran
profundidad sus juicios éticos sobre las
situaciones, sin ceder a una superficial
espectacularidad. Es este un logro que está
todavía por conseguir en la comunicación sobre la
violencia y el dolor en los medios. Las posiciones deben
ser más inequívocas. La comunicación sobre violencia debe
ser más elocuente. Como escribió Hall Jamieson,
"antes, durante y después de cada cambio social
profundo se necesita la elocuencia" [21] .
En todo caso, la palabra alivia el dolor y la
violencia: la retórica es cualidad genuinamente humana
que transmite valores elevados, que conforta, que llama
a la acción social, al servicio. Las palabras pueden
ser fundamentales en la lucha contra los
violentos, en la construcción de un mundo
mejor.
[1] Craig Allen, "News Conferences on TV: Ike-Age Politics Revisited", en Journalism Quarterly (70) 1, Primavera 1993, pp. 13-25.[2] Kathleen Hall Jamieson, Packaging the Presidency, New York, Oxford University Press, 1992, pp. 158-159.
[3] Kathleen Hall Jamieson, “The Cunning Rhetor, The Complicitous Audience, The Conned Censor, and The Critic", en Communication Monographs (57), Marzo 1990, p. 73.
[4] Ob. cit., p. 73.
[5] Discurso de Indianápolis (Indiana), 4 de abril de 1968.
[6] Cicerón, De Oratoria, Libro II, en Patricia Bizzell y Bruce Herzberg, The Rhetorical Tradition, Boston, St. Martin's Press, 1990, p. 241.
[7] Vid. Arthur M. Schlesinger, Jr., Robert Kennedy and His Times, Houghton Mifflin, 1978; Gerald Gardner, Robert Kennedy in New York, Random House, 1965; Edwin O. Guthman, We Band of Brothers, Harper & Row, 1971; Vanden William Heuvel y Milton Gwirtzman, On His Own: RFK 1964-68, Doubleday, 1970.
[8] Discurso de Indianápolis (Indiana), 4 de abril de 1968.
[9] Emilio Casteler, Discursos parlamentarios, Madrid, Narcea, 1973, p. 91.
[10] Discurso en Cleveland, 5 de abril de 1968.
[11] Robert G. Picard, "How Violence Is Justified? Sinn Fein's An Phoblacht", en Journal of Communication, 41 (4), Otoño 1991, pp. 90-101.
[12] Edwin O. Guthman y C. Richard Allen, RFK. Collected Speeches, New York, Penguin Books, 1993, p. 357.
[13] William Safire, Lend Me Your Ears. Great Speeches in History, New York, Norton, 1992, p. 197.
[14] Edwin O. Guthman y C. Richard Allen, ob. cit., p. 358.
[15] Discurso de Indianápolis, 4 de abril de 1968.
[16] Ibid.
[17] Quintiliano, Instituto Oratoria, en Patricia Bizzell y Bruce Herzberg, The Rhetorical Tradition, Boston, St. Martin's Press, 1990, p. 347.
[18] Cicerón, De Oratoria, Libro II, en Patricia Bizzell y Bruce Herzberg, The Rhetorical Tradition, Boston, St. Martin's Press, 1990, p. 240
[19] Edwin O. Guthman y C. Richard Allen, ob. Cit., p. 358.
[20] Discurso en la Universidad de Kansas, 18 de mayo de 1968.
[21] Kathleen may Jamieson, “The Cunning Rhetor, The Complicitous Audience, The Conned Censor, and The Critic", en Communication Monographs (57), marzo 1990, p. 73.
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